La poesía es el
chiclocentro de la literatura.
Ruy Feben.
“Estoy hasta la madre de la puta irreverencia”, me dijo Ruy Feben hace algunos meses cuando los dos traíamos varias chelas encima. Decidimos entonces llevar la frase a la posteridad y adoptarla como parte del manifiesto que nunca vamos a escribir, pero fue apenas hace unos días con el cierre (¿crónica de un fin anunciado?) de su mítico blog Claxon, cuando me di cuenta que el asunto iba en serio.
Hace algunos años Feben me explicó qué era un blog y me enseñó a usarlo (salta a la vista que nunca aprendí del todo, pero la única culpable de ello es mi dislexia congénita), así nació “en cursivas” y este post es el primero -y probablemente el único- en el que escribo a título personal y no escondido detrás de un narrador medio mamón o de un yo poético que se rasga las vestiduras.
El Claxon era una de mis lecturas cotidianas y obligadas, disfrazándolo de “blog personal”, Rodrigo Díaz llevaba su literatura a la red bajo la tutela y la pluma de Ruy Feben. Sus textos, a veces políticos y sociales o montados en el día a día, fueron siempre reflexivos y antisolemnes… Rodrigo pensaba y leía, y discutía, y luego Ruy Feben se metía a bañar y se ponía a escribir a carcajadas dejando claro que la intelectualidad de sobremesa se ha convertido en una plaga y la literatura “erudita” en un laberinto cuya única salida es la ironía y el desenfado sistemático.
Leí muchos buenos textos en Claxon, los mejores para mi gusto, fueron los que escribía un Ruy Feben enojado y medio activista; y los que escribía Rodrigo a modo de literatura cibernética (de gran calidad hay que decirlo), como la novela de El Chafle de Fanfurrias (treinta capítulos con treinta voces distintas), o el dibujo de un antihéroe latinoamericano que más tarde moriría trágicamente bajo las llantas de un microbús.
Rodrigo es mi amigo y Ruy mi compañero de letras, compartimos un blog donde escribimos a dos plumas una novela que está en pañales y hace a mi psicólogo ganar muchísimo dinero, y una antología de cuentos que muy probablemente nunca vamos a publicar… En fin, la intención de este post sólo era hacerle un pequeño (y bastante enredado) homenaje a Claxon y reconocer íntegra la deuda que este blog tiene con las letras de Ruy Feben.
Rodrigo asegura que aún hay Feben para rato, yo también lo creo y probablemente ocurra más pronto de lo que él mismo piensa, no creo que el Dr. Díaz pueda controlar por mucho tiempo a su Mr. Ruy…
martes, abril 17, 2007
martes, abril 10, 2007
A contra tiempo
No te regalan un reloj, tú eres el regalado,
a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar.
a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar.
I
Me llamo Ivnni y soy ruso… Cansado de esperarte decidí salir a buscarte. Dentro de este “infierno florido”, no existen las puertas ni las ventanas; con mi maleta en la mano espero la hora acordada.
Me llamo Ivnni y soy ruso… Cansado de esperarte decidí salir a buscarte. Dentro de este “infierno florido”, no existen las puertas ni las ventanas; con mi maleta en la mano espero la hora acordada.
Dicen que justo aquí, a la hora cero, arriba el tren que te saca del tiempo y te lleva al otro, al tiempo tuyo.
Llevo provisiones para el camino y he destruido minuciosamente mi pasaporte y mi número de identificación.
No hay boleto de regreso, lo sé porque nadie ha vuelto.
II
Los martillazos no se detienen nunca, cada engrane que gira se repite a sí mismo hasta la nausea.
Los segundos (peones), se lanzan al ataque seguidos por los minutos (alfiles), todos a las ordenes del día que es rey. Monarca absoluto, tirano del tiempo, dictador por un sólo día; veinticuatro caballos custodian su reino.
II
Los martillazos no se detienen nunca, cada engrane que gira se repite a sí mismo hasta la nausea.
Los segundos (peones), se lanzan al ataque seguidos por los minutos (alfiles), todos a las ordenes del día que es rey. Monarca absoluto, tirano del tiempo, dictador por un sólo día; veinticuatro caballos custodian su reino.
El caudillo de hoy se llama Lunes, es célebre, carismático y se asoma al balcón del tiempo lleno de promesas… No cumple ninguna.
Martes, revolucionario barbado, “amigo del pueblo”, ruge desde lo más profundo de la sierra: “¡Hay que derrocar al tirano! ¡Muerte al dictador que mata de hambre a su propia gente!”.
Ya se acerca el final, el caballo 24 hace su jugada… Yo estoy aquí esperando la hora cero; otro pequeño Apocalipsis se aproxima
III
No ha terminado de coronarse Martes y ya prepara el terreno para pelear con un Miércoles nonato.
Ya se acerca el final, el caballo 24 hace su jugada… Yo estoy aquí esperando la hora cero; otro pequeño Apocalipsis se aproxima
III
No ha terminado de coronarse Martes y ya prepara el terreno para pelear con un Miércoles nonato.
El tren no pasó… No perdí de vista ni un segundo las vías de manecillas y el tren no llegó nunca.
Saldré de aquí no importa cómo. Hoy se termina la cuerda, confío en tu desmemoria. Tal vez la hora cero sea eso: el segundo (peón), en el que se termina la cuerda.
IV
Me llamo Ivnni y soy ruso… vivo dentro de este reloj de cuerda.
Viajé desde Moscú de mano en mano y ahora estoy aquí, esperando la hora cero para subir al tren y salir a buscarte.
Saldré de aquí no importa cómo. Hoy se termina la cuerda, confío en tu desmemoria. Tal vez la hora cero sea eso: el segundo (peón), en el que se termina la cuerda.
IV
Me llamo Ivnni y soy ruso… vivo dentro de este reloj de cuerda.
Viajé desde Moscú de mano en mano y ahora estoy aquí, esperando la hora cero para subir al tren y salir a buscarte.
Ya no quiero contar segundos (peones), ni minutos (alfiles), ya no quiero esperar días absolutos al servicio de su propia demagogia.
Voy a salir a buscarte para ver el otro tiempo, te he escuchado llamarlo con muchos nombres.
Me cansé de esperarte y voy de salida, monto horas (caballos) y estoy seguro de que vendrá la cero.
V
Los guardias del reloj me persiguen desde hace varios días, sicarios a sueldo del día rey, están entrenados para: “tirar a matar” a todo lo que se mueva fuera de los engranes.
Me cansé de esperarte y voy de salida, monto horas (caballos) y estoy seguro de que vendrá la cero.
V
Los guardias del reloj me persiguen desde hace varios días, sicarios a sueldo del día rey, están entrenados para: “tirar a matar” a todo lo que se mueva fuera de los engranes.
Domingo me busca; es el monarca más sanguinario del reloj. Le ha puesto precio a mi cabeza y todos los guardias del tiempo salieron a buscarme.
El caballo 14 está ahora en medio del tablero. ¿Dónde? ¿dónde está el tren?
VI
Hubo movimiento y alarma dentro del reloj. Domingo decidió no renunciar y se enfrentó con todo su poder al recién nacido Lunes quien, como todo el mundo sabe, no entiende nada de estrategia militar…
VI
Hubo movimiento y alarma dentro del reloj. Domingo decidió no renunciar y se enfrentó con todo su poder al recién nacido Lunes quien, como todo el mundo sabe, no entiende nada de estrategia militar…
Ahora Domingo ha decidido suprimir al congreso y declararse: “emperador vitalicio del reloj”.
Martes está escondido en el monte, y aunque es inteligente y decidido la guerra contra Domingo se ve bastante desigual.
Martes está escondido en el monte, y aunque es inteligente y decidido la guerra contra Domingo se ve bastante desigual.
El alfil que me perseguía regresó al centro del reloj por la mañana, lo sé porque lo vi correr por los engranes hacia el norte.
Oigo el tren pero lo he escuchado ya tantas veces…
VII
Apresaron a Martes, mañana lo fusilan en la plaza principal del reloj…
Miércoles, aristócrata y cobarde, abdicó a favor de Domingo y ahora ya todo está perdido.
VII
Apresaron a Martes, mañana lo fusilan en la plaza principal del reloj…
Miércoles, aristócrata y cobarde, abdicó a favor de Domingo y ahora ya todo está perdido.
No hay forma de salir de aquí, necesito tu ayuda.
¡No le des cuerda!
Muchos van a morir, los peones están armados y dispuestos a todo.
¡No le des cuerda!
Olvídate de la hora al lo menos por un día…
VIII
El tiempo se detuvo, se dobló como las palmeras que resisten los huracanes. De costado y agonizando me miró y suspiró un poco antes de caer de lleno en el otro tiempo, el incalculable, el que no transcurre, el tiempo que duerme sobre el tiempo, el tiempo tuyo.
VIII
El tiempo se detuvo, se dobló como las palmeras que resisten los huracanes. De costado y agonizando me miró y suspiró un poco antes de caer de lleno en el otro tiempo, el incalculable, el que no transcurre, el tiempo que duerme sobre el tiempo, el tiempo tuyo.
Las torres se vinieron abajo y los caballos se quedaron petrificados en sus cuadros. Domingo (rey sin reina), se quedó en pie de guerra con un brazo en alto mientras el reloj completo se convertía en Pompeya.
El tren me sorprendió mientras me apretaba una pistola contra el paladar…
martes, marzo 13, 2007
¿Lo ves?
Yo no quiero juntar para mañana,
nunca supe llegar a fin de mes,
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.
Joaquín Sabina.
Es tan largo marzo que no le preocupa que abril le pise los talones. Un pequeño febrero, que muere apenas a los veintiocho días, no es rival para un mes de esas dimensiones.
“Especialmente en abril se echa a la calle la vida”, y yo que no dejo de llevar papelitos de diciembre en las bolsas del saco.
Siempre nos queda aquel julio en Buenos Aires, aunque ahora Borges ya no nos lleve más a La Prida sino a un pequeño escritorio de oficina.
Joaquín Sabina.
Es tan largo marzo que no le preocupa que abril le pise los talones. Un pequeño febrero, que muere apenas a los veintiocho días, no es rival para un mes de esas dimensiones.
“Especialmente en abril se echa a la calle la vida”, y yo que no dejo de llevar papelitos de diciembre en las bolsas del saco.
Siempre nos queda aquel julio en Buenos Aires, aunque ahora Borges ya no nos lleve más a La Prida sino a un pequeño escritorio de oficina.
No es que no se pueda, es sólo que resulta duro escalar junio con la bufanda puesta.
Ya sabes que me gusta tomar café con este agosto pero es difícil no esperarte para pedir la cuenta, es triste no verte echar a perder el americano con tres cucharadas de crema.
Y todo esto lo sabe marzo y se aprovecha; juega de local y no le molesta la altura.
Ya sabes que me gusta tomar café con este agosto pero es difícil no esperarte para pedir la cuenta, es triste no verte echar a perder el americano con tres cucharadas de crema.
Y todo esto lo sabe marzo y se aprovecha; juega de local y no le molesta la altura.
Noviembre se está allá, lejos… patea las piedras con las manos en las bolsas y septiembre (kamikaze por naturaleza), se hunde como un soldadito de plomo en una botella de vodka.
Termino y como siempre, no hay manera de desclavar de la pared al calendario (le da por resucitar cada tercer día). No es sólo porque hayas decidido secuestrar al pobre lunes; pero por primera vez se estaba tan bien en ese día…
Yo ardiendo de fiebre con este martes y tú planeando para el domingo, tu vacuna contra la viruela.
jueves, marzo 08, 2007
Vos sabés...
"Cansancio"
Y de los replanteos
y recontradicciones
y reconsentimientos sin o con sentimiento cansado
y de los repropósitos
y de los reademanes y rediálogos idénticamente bostezables
y del revés y del derecho
y de las vueltas y revueltas y las marañas y recámaras y
remembranzas y remembranas de pegajosísimos labios
y de lo insípido y lo sípido de lo remucho y lo repoco y lo
remenos
recansado de los recodos y repliegues y recovecos y refrotes
de lo remanoseado y relamido hasta en sus más recónditos
reductos
repletamente cansado de tanto retanteo y remasaje
y treta terca en tetas
y recomienzo erecto
y reconcubitedio
y reconcubicórneo sin remedio
y tara vana en ansia de alta resonancia
y rato apenas nato ya árido tardo graso dromedario
y poro locoy parco espasmo enano
y monstruo torvo sorbo del malogro y de lo pornodrástico
cansado hasta el estrabismo mismo de los huesosde tanto error errante
y queja quena
y desatino tísico
y ufano urbano bípedo hidefalo
escombro caminantepor vicio y sino y tipo y líbido y oficio
recansadísimo
de tanta tanta estanca remetáfora de la náusea
y de la revirgísima inocencia
y de los instintitos perversitos
y de las ideítas reputitas
y de las ideonas reputonas
y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias
desde qué mares padres
y lunares mareas de resonancias huecas
y madres playas cálidas de hastío de alas calmas
sempiternísimamente archicansado
en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo o sensitivo
tibio
remeditativo o remetafísico y reartístico típico
y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua
y de sus regastados páramos vocablos y reconjugaciones y
recópulasy sus remuertas reglas y necrópolis de reputrefactas palabras
simplemente cansado del cansancio
del harto tenso extenso entrenamiento al engusanamiento
y al silencio.
Oliverio Girondo: En la masmédula
jueves, febrero 22, 2007
Carta y manifiesto tendiente a ilustrar los daños físicos y psicológicos, sufridos por el autor cuando se acaba el tequila y ¿tú qué crees?
Y ya no pude sino bajar
terriblemente solo
a buscar mi cabeza
por el mundo.
Gonzalo Rójas
terriblemente solo
a buscar mi cabeza
por el mundo.
Gonzalo Rójas
Si vieras con qué soledad llueve allá afuera, la ventana es bombardeada por piedras de agua son grises pero también azules y, si pones atención, puedes oír cómo hablan… Yo estoy tranquilo con la inocente seguridad de que son débiles y tercas; podrían pasar la noche entera golpeando ¿y qué? Que hagan lo que quieran, de todas formas parece que ya no voy a dormirme nunca.
Aquí, escondido, acechando a mi lado, está el tiempo, pero no tengas miedo. ¡Si pudieras escuchar cómo camina! Es un olvido constante, está de paso. Grita de pronto y después, como las gotas, suspira y luego grita de nuevo, y luego calla.
¿Te has detenido alguna vez sólo para pensar que puedes detenerte? Es decir, nos han mentido ¿sabes? Nos han dicho que el tiempo, que el mundo, que LA VIDA, no se detienen nunca. Es mentira, todo se detiene porque… Huidobro pensó que caíamos constantemente en un paracaídas. Girondo quería volar, “…caer en el aterrizaje forzoso de un espasmo…”. Después un imbécil llamado Einstein vino a joderlo todo diciendo que el asunto era “relativo”; y para colmo un viejito judío, “Padre de la psiquiatría”, no tuvo inconveniente en echarle la culpa al falo… ¿Entiendes? Qué hastío, no es tan difícil saber que a veces la vida no camina, se detiene a mirar por la ventana, pide café, prende un cigarro y se calla.
Mira: la cosa es que comienzo a acostumbrarme a estar solo y… es malo, cualquiera lo sabe. Porque apenas empieza uno a estar callado aparece esta voz; esta voz que ve la ventana abierta y grita ¡salta!, que ve la puerta abierta y aconseja ¡lárgate!, que ve la hoja en blanco y ruega ¡cállate! Y ya me tiene de malas, porque no es como tú, a veces, cuando te ponías a hablar y luego de un rato tu voz se mezclaba con todo, rebotaba en los muros del cuarto y entonces yo ya no te escuchaba, sólo te miraba parpadear los labios porque ¿qué más daba lo que dijeras? yo seguía siendo el mismo idiota que no podía dejar de hacerte daño. Pero ahora, desde que no hablas, esta voz monologa todo el día y no me deja dormir, ni mirar, ni estar contigo sin ti, no me deja.
Este ir cerrando puertas, caminando siempre para atrás, acabó por encerrarnos por completo. Y a mí me duelen más los muros que la ausencia, y a ti ya no te duele nada… Estás bien ahí, olvidándome, mezclándome con todos tus problemas y yo ya no soy “el” problema, ahora sólo soy “otro” problema más. Y yo despierto todos los días y ya nunca está el dinosaurio, Tito, el dinosaurio se ha ido. Dijo algo sobre París, sobre los puentes del Sena, “flaco, pórtate bien”, dijo. El dinosaurio se ha ido.
¿Por qué te digo todo esto? Este asunto de la soledad y los problemas existenciales es lo más “esnob”, puritito ocio clasemediero. No es nada educado ir por ahí contándole a la gente que uno tiene la vida atravesada en la garganta y una “L” mayúscula tatuada en la frente.
¿Por qué te digo todo esto? He ensayado tantas respuestas y todas son tan idiotas que mejor voy a dejar que tú la elijas. Con opciones pertinentes y un tiempo no mayor a los dos minutos.
Pregunta: ¿Por qué te digo todo esto?
Opciones:
a) Por idiota.
b) Por una impostergable propensión a la autocompasión.
c) Porque no tengo nada más interesante que contarte.
d) A causa de las secuelas del insomnio.
e) Todas las anteriores.
Marca con una cruz el inciso que te parezca más adecuado.
Tomemos entonces partido, es de pésimo gusto no pertenecer a nada. (Cuando digo “tomemos” notas, sin duda, el plural incómodo de esta palabra. Me refiero, evidentemente, a mí y a mí; y a todos los míes, míseros y místicos que caben en este mí).
Me declaro entonces, partidario de la nostalgia, a favor de tus monosílabos y profundamente identificado con el aire, que se cuela por entre tus piernas cuando estás desnuda y duermes, erotizando a tu sombra. Estoy del lado de los que pasan del lado. Adepto al movimiento de los espectadores, de los mirones azules, de los torpes, pasivos, degenerados. Contra los cocteles, el hotel de paso. Contra la academia, Jaime. Contra la virginidad, las estatuas ecuestres. Contra ti, mí.
“Tómate esta botella conmigo y en el último trago nos vamos”.
Aquí, escondido, acechando a mi lado, está el tiempo, pero no tengas miedo. ¡Si pudieras escuchar cómo camina! Es un olvido constante, está de paso. Grita de pronto y después, como las gotas, suspira y luego grita de nuevo, y luego calla.
¿Te has detenido alguna vez sólo para pensar que puedes detenerte? Es decir, nos han mentido ¿sabes? Nos han dicho que el tiempo, que el mundo, que LA VIDA, no se detienen nunca. Es mentira, todo se detiene porque… Huidobro pensó que caíamos constantemente en un paracaídas. Girondo quería volar, “…caer en el aterrizaje forzoso de un espasmo…”. Después un imbécil llamado Einstein vino a joderlo todo diciendo que el asunto era “relativo”; y para colmo un viejito judío, “Padre de la psiquiatría”, no tuvo inconveniente en echarle la culpa al falo… ¿Entiendes? Qué hastío, no es tan difícil saber que a veces la vida no camina, se detiene a mirar por la ventana, pide café, prende un cigarro y se calla.
Mira: la cosa es que comienzo a acostumbrarme a estar solo y… es malo, cualquiera lo sabe. Porque apenas empieza uno a estar callado aparece esta voz; esta voz que ve la ventana abierta y grita ¡salta!, que ve la puerta abierta y aconseja ¡lárgate!, que ve la hoja en blanco y ruega ¡cállate! Y ya me tiene de malas, porque no es como tú, a veces, cuando te ponías a hablar y luego de un rato tu voz se mezclaba con todo, rebotaba en los muros del cuarto y entonces yo ya no te escuchaba, sólo te miraba parpadear los labios porque ¿qué más daba lo que dijeras? yo seguía siendo el mismo idiota que no podía dejar de hacerte daño. Pero ahora, desde que no hablas, esta voz monologa todo el día y no me deja dormir, ni mirar, ni estar contigo sin ti, no me deja.
Este ir cerrando puertas, caminando siempre para atrás, acabó por encerrarnos por completo. Y a mí me duelen más los muros que la ausencia, y a ti ya no te duele nada… Estás bien ahí, olvidándome, mezclándome con todos tus problemas y yo ya no soy “el” problema, ahora sólo soy “otro” problema más. Y yo despierto todos los días y ya nunca está el dinosaurio, Tito, el dinosaurio se ha ido. Dijo algo sobre París, sobre los puentes del Sena, “flaco, pórtate bien”, dijo. El dinosaurio se ha ido.
¿Por qué te digo todo esto? Este asunto de la soledad y los problemas existenciales es lo más “esnob”, puritito ocio clasemediero. No es nada educado ir por ahí contándole a la gente que uno tiene la vida atravesada en la garganta y una “L” mayúscula tatuada en la frente.
¿Por qué te digo todo esto? He ensayado tantas respuestas y todas son tan idiotas que mejor voy a dejar que tú la elijas. Con opciones pertinentes y un tiempo no mayor a los dos minutos.
Pregunta: ¿Por qué te digo todo esto?
Opciones:
a) Por idiota.
b) Por una impostergable propensión a la autocompasión.
c) Porque no tengo nada más interesante que contarte.
d) A causa de las secuelas del insomnio.
e) Todas las anteriores.
Marca con una cruz el inciso que te parezca más adecuado.
Tomemos entonces partido, es de pésimo gusto no pertenecer a nada. (Cuando digo “tomemos” notas, sin duda, el plural incómodo de esta palabra. Me refiero, evidentemente, a mí y a mí; y a todos los míes, míseros y místicos que caben en este mí).
Me declaro entonces, partidario de la nostalgia, a favor de tus monosílabos y profundamente identificado con el aire, que se cuela por entre tus piernas cuando estás desnuda y duermes, erotizando a tu sombra. Estoy del lado de los que pasan del lado. Adepto al movimiento de los espectadores, de los mirones azules, de los torpes, pasivos, degenerados. Contra los cocteles, el hotel de paso. Contra la academia, Jaime. Contra la virginidad, las estatuas ecuestres. Contra ti, mí.
“Tómate esta botella conmigo y en el último trago nos vamos”.
miércoles, enero 31, 2007
Receta para preparar un ejército de idiotas
Tome usted un idiota (si no tiene uno a mano no dude en llamarme; datos personales adjuntos a la presente nota), siéntelo en una silla frente a usted y dedíquese a confundirlo de manera implacable: déle órdenes que se contradigan entre sí, léale íntegro el Manual de Carreño y las reglas de la más rigurosa etiqueta, hágale recitar los apartados más oscuros del Código civil y los pasajes más largos de Ética para Amador. Tortúrelo dejándole horas y horas frente al televisor (escoja de preferencia canales como: The weather channel y programas como: Saturday night live, Con todo y La vida de los grandes escritores del siglo XX). Súbalo a un automóvil “compacto” (Tsuru o Pointer, por ejemplo) sin aire acondicionado y mándelo a la entrada del Distribuidor vial un viernes a las 6 de la tarde.
Repita esta rutina los días o semanas que usted considere necesario, pasado este tiempo será usted dueño de un idiota frenético, alcohólico y vengativo, es decir, un idiota en su punto…
Llegamos ahora a la parte más delicada de la receta pero no se asuste, si sigue las instrucciones al pie de la letra el fracaso es casi imposible. Coloque frente a su idiota a una mujer cuyo escote le recuerde que el mundo es mundo (si no cuenta con una mujer así es asunto suyo) y observe con atención: mire cómo su idiota, tembloroso y al borde del colapso, comienza a domesticarse como Cocker de viejita, fíjese cómo su idiota sucumbe ante las formas y los fondos del escote.
Ahora ya cuenta usted con un idiota frenético, alcohólico, confundido, vengativo y, lo más importante de todo: sometido. El espectáculo no puede ser mejor…
Repita usted ésta operación con tantos idiotas como considere pertinente; al cabo de unos años, se habrá hecho usted de un ejercito de tarados autómatas que han perdido la lucha antes de comenzarla (hay quien les llama “abogados”, es igual, póngales el nombre que usted guste).
Y ahora el platillo está terminado, disfrútelo frío (como la venganza) y goce con las horas de entretenimiento y sobremesa que su creación gastronómica puede proporcionarle.
¿Es lindo ser Dios verdad?
Repita esta rutina los días o semanas que usted considere necesario, pasado este tiempo será usted dueño de un idiota frenético, alcohólico y vengativo, es decir, un idiota en su punto…
Llegamos ahora a la parte más delicada de la receta pero no se asuste, si sigue las instrucciones al pie de la letra el fracaso es casi imposible. Coloque frente a su idiota a una mujer cuyo escote le recuerde que el mundo es mundo (si no cuenta con una mujer así es asunto suyo) y observe con atención: mire cómo su idiota, tembloroso y al borde del colapso, comienza a domesticarse como Cocker de viejita, fíjese cómo su idiota sucumbe ante las formas y los fondos del escote.
Ahora ya cuenta usted con un idiota frenético, alcohólico, confundido, vengativo y, lo más importante de todo: sometido. El espectáculo no puede ser mejor…
Repita usted ésta operación con tantos idiotas como considere pertinente; al cabo de unos años, se habrá hecho usted de un ejercito de tarados autómatas que han perdido la lucha antes de comenzarla (hay quien les llama “abogados”, es igual, póngales el nombre que usted guste).
Y ahora el platillo está terminado, disfrútelo frío (como la venganza) y goce con las horas de entretenimiento y sobremesa que su creación gastronómica puede proporcionarle.
¿Es lindo ser Dios verdad?
miércoles, diciembre 20, 2006
Para que seas libre
Para que seas libre te encierro en mi jamás,
en mi jaula de siempres dislocados;
te corto los brazos y las piernas y las alas;
te amarro a la cama con las cuerdas duras de mi soledad.
Para que seas libre traigo el pasado y te lo echo encima,
la fotografía gastada, la carta a lápiz fechada con prisa
en alguna mesa de café.
Los días que pasaron, el rincón que guardó tu fantasma,
la palabra que faltaste, la libreta empapada de noche
sudando el día siguiente.
Es la única forma. No hay puertas,
ni minotauro,
ni laberinto,
ni abejas amenazando tu sueño.
Sólo el rencor de no haberte tenido cuando en serio
hacías falta.
Sólo el presagio de saber que te tengo ahora,
ahora que no te necesito;
y que lo sabes y duermes,
y que lo sé y te abrazo,
y que ya no podrás nunca pagarme tu destiempo,
tu retraso.
en mi jaula de siempres dislocados;
te corto los brazos y las piernas y las alas;
te amarro a la cama con las cuerdas duras de mi soledad.
Para que seas libre traigo el pasado y te lo echo encima,
la fotografía gastada, la carta a lápiz fechada con prisa
en alguna mesa de café.
Los días que pasaron, el rincón que guardó tu fantasma,
la palabra que faltaste, la libreta empapada de noche
sudando el día siguiente.
Es la única forma. No hay puertas,
ni minotauro,
ni laberinto,
ni abejas amenazando tu sueño.
Sólo el rencor de no haberte tenido cuando en serio
hacías falta.
Sólo el presagio de saber que te tengo ahora,
ahora que no te necesito;
y que lo sabes y duermes,
y que lo sé y te abrazo,
y que ya no podrás nunca pagarme tu destiempo,
tu retraso.
martes, diciembre 12, 2006
La llave del cuarto
Mientras tú y yo dormíamos, nuestros cuerpos estuvieron hablando por muchas horas… Se dijeron cosas que nunca sabremos, se hablaron así, como nosotros no podemos. Se hablaron en silencio.
Lo sé por tu rodilla indiscreta, por una de tus manos que se puso a gritar al viento las palabras que no alcanzó a decir tu boca; pero no la boca de siempre, la de anoche, esa que duerme contigo y a veces, cuando tengo suerte, también conmigo.
Ahora que te has ido no lo sabremos, no podremos saberlo nunca. Reconozco en el papel amarillo tu caligrafía fina, perfecta, y sonrío imaginándote medio vestida, con la prisa de siempre, dejando caer sobre la libreta un “Te quiero” fácil. Tropezando con la silla, con los zapatos, con el tiempo, con el silencio divertido del cuarto que te mira correr sin hacer ruido. Mientras yo aprieto los ojos tratando de anclarme al sueño para no ver como te vas, para no pedirte que te quedes otro rato, para no recibir, por gratitud, tu beso apresurado.
Y pensándolo bien es una lástima que te fueras, no sabes que tranquilo se ha puesto ahora el cuarto… Tus pasos se quedaron aquí, tercos, con su inútil monólogo en los azulejos del baño.
Ya no quiero verte, estoy cansado de no poder cansarme; ni siquiera tengo a quién dejarle este recado…
-Buenos días joven ¿todo bien? ¿descansó usted? No olvide dejar en la recepción el control remoto y la llave del cuarto-.
Lo sé por tu rodilla indiscreta, por una de tus manos que se puso a gritar al viento las palabras que no alcanzó a decir tu boca; pero no la boca de siempre, la de anoche, esa que duerme contigo y a veces, cuando tengo suerte, también conmigo.
Ahora que te has ido no lo sabremos, no podremos saberlo nunca. Reconozco en el papel amarillo tu caligrafía fina, perfecta, y sonrío imaginándote medio vestida, con la prisa de siempre, dejando caer sobre la libreta un “Te quiero” fácil. Tropezando con la silla, con los zapatos, con el tiempo, con el silencio divertido del cuarto que te mira correr sin hacer ruido. Mientras yo aprieto los ojos tratando de anclarme al sueño para no ver como te vas, para no pedirte que te quedes otro rato, para no recibir, por gratitud, tu beso apresurado.
Y pensándolo bien es una lástima que te fueras, no sabes que tranquilo se ha puesto ahora el cuarto… Tus pasos se quedaron aquí, tercos, con su inútil monólogo en los azulejos del baño.
Ya no quiero verte, estoy cansado de no poder cansarme; ni siquiera tengo a quién dejarle este recado…
-Buenos días joven ¿todo bien? ¿descansó usted? No olvide dejar en la recepción el control remoto y la llave del cuarto-.
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