sábado, julio 05, 2008

Nos estorbamos

El problema es este nos atarantado, atorado en la tráquea como la manzana de Adán.

No tenemos inconvenientes con el respetuoso: tus calles, tu casa, tu banqueta, tu miopía, tus ganas de que quedarte con las ganas.

Tampoco le reprochamos nada al yo egoísta, contramuros: mi carro, mi trago, mi resaca, mi domingo, mis ganas de quitarte ya esas ganas.

El ellos por lo general no nos importa un rábano: ellos quieren, ellos muerden, ellos lloran, ellos amenazan, ellos tienen ganas de saber si nos dio la gana.

El problema cae en nosotros; ahí se cierra la cortina y se apaga la luz, mientras buscamos a tientas un adjetivo piadoso que convierta este destierro en un lugar de ambos y termine de una vez con tanta pausa, con tanto silencio, con tanto monólogo inconcluso.

Pero hay algo en ese nos que suena artificial, forzado, hay algo en esa lengua que se rehúsa a juntarse con el paladar para que sea propiedad de los dos.

Tal vez porque a pesar de todo no hemos ganado nada, porque las batallas perdidas no se comparten, porque no cabemos juntos en el espejo de tu tocador.

Y ahora lo que es nuestro no le pertenece a nadie, por eso nuestras noches no llegan nunca y nuestros días dan saltos con un pie sobre las hojas del calendario.

Por eso te pido que no salgas, que cierres la puerta y pongas el seguro, y corras las persianas, y quiebres el reloj, y dejes tu vestido debajo de la cama, y guardes mis zapatos bajo llave en el closet, y cubras tu desencanto donde no lo vea nadie, y dejes que mi hastío se aburra solo en el sillón.

Vamos a jugar juntos con nuestra nada mientras ellos esperan en el café de la esquina, matando el tiempo junto a tu tú y mi mí

jueves, junio 19, 2008

Caminando

Hace falta salir a caminar (no por el asunto del ejercicio y la buena circulación de la sangre, sobrevaluados de cualquier manera). Hace falta caminar pero no en un parquecito cursi de Polanco, no en los enredados circuitos de Satélite que sólo tienen perros y viejas en sillas de ruedas.

Hace falta caminar entre un tumulto, en alguna calle del centro pisando cacas de palomas y con los gritos de los vendedores ambulantes reventándote los tímpanos. Respirar por el escape de los camiones, subir al metro atascado e hirviendo, temer por tu cartera y por tu vida, oír al tipo que no se baña desde la navidad pasada; vender una pomada milagrosa que te cura desde los callos hasta la ceguera temporal, pasando por la tuberculosis y los problemas cardiacos.

Caminar, solo caminar por encima de las coladeras que vomitan vapor y niños disfrazados de payasos… Si te detienes piensas y si te pones a pensar perdiste. El café sabe mejor cuando lo llevas entre las manos, en un vasito de cartón, mientras te chorreas la camisa y te asedia la gente, los boleros, los mimos encerrados en su calabozo imaginario.

Por eso salgo temprano para ningún lado. Hoy no te escribo porque no me da la gana: “Quiero escribir y me sale España” (aparta de mí este cáliz). Todas las mujeres tienen tu nariz y todos los hombres tienen mi prisa.

Me voy a dar otra vuelta, tú quédate como siempre, sé una buena Maga para este pésimo intento de Oliveira. Tú quédate como siempre, yo aquí te espero tratando de no encontrarte.

sábado, junio 07, 2008

La incondicional

Amables y pacientes lectores de En Cursivas (si es que todavía queda alguno): Como habrán notado no he subido casi nada al blog últimamente. El asunto es que estoy escribiendo una novela que está apunto de volverme loco (sí, más todavía). Así que, en el inter, les dejo un capítulo a ver qué tal y prometo que cuando la termine (si es que esto ocurre algún día) la pondré completa por aquí. En fin ahí les va…

Capítulo II
La incondicional

A las cinco y media de la mañana la vida es una mierda, ese es el único absoluto que existe. El coche, adormilado también, se resiste un poco y hay que girar la llave dos o tres veces, pero al final cede, como tú, como yo, como cualquiera.

Gracias por sintonizarnos en este frío martes de diciembre cuando son ya las cinco con cuarenta de la mañana, sí, cinco con cuarenta de la mañana. Acabas de escuchar las mismas canciones cursis que te gustan y que cantas ya casi mecánicamente. Te sugerimos que tengas mucha paciencia porque, como siempre, la ciudad está atascada y lenta. La única vía alterna posible es: ¡no salgas de tu casa guey! de todas maneras, mañana la ciudad y tú van a seguir igual de jodidos. Un día como hoy pero de 1839, un científico alemán descubrió que un metal que no conoces, tiene propiedades fibrosas que te valen madres. Habrá lluvia toda la tarde en el valle de México así que te aconsejamos que tomes tus precauciones, es decir ninguna, porque nada te va a salvar del tráfico de regreso. “¡Hola, habla el mismo locutor idiota de todos los días! ¿A quién tenemos del otro lado de la línea? ¡Fanny! ¿Te quieres ganar dos pases dobles para ver a Luis Miguel en su concierto número 520 en el Auditorio Nacional? Sólo tienes que contestar esta sencilla pregunta: ¿En que año, de qué mes, de qué día, Luis Miguel dejó de cantar como una niña de seis años?”.

Y justo ahí, a las seis de la mañana, cansado y relamido como cocker de viejita, helándote en el carro que avanza sobre alguna calle que antes tenía nombre y que ahora sólo se llama “pinche ciudad”, escuchando una grabación de un Luis Miguel (quien todavía tenía pelo) y vociferaba: “Tú, la misma siempre tú”. Como una mala broma de tus impulsos neuronales que no pienso detenerme a explicar (soy tu narrador no tu psicólogo) te acuerdas de ella...

domingo, mayo 04, 2008

Dónde...

¿Dónde comenzarías a buscar tú?

¿En los álbumes cursis con tu nombre bordado al frente?

¿En el cajón del buró?

¿En el cuarto de niños donde aún resiste intacto el papel tapiz rayado con plumones de colores?

¿En el uniforme sórdido y parchado de la primaria?

¿En la caja de zapatos debajo de la cama?

¿En tu calle notoriamente más chica, llena de casas nuevas y de “casetas de vigilancia”?

¿En la alegría fácil de los viernes?

¿En la tortura minuciosa de los domingos?

¿En ella?

¿En la que te dijo que no, para sorpresa tuya y burla de todos los demás?

¿En la que te dijo que sí, para burla tuya y sorpresa de todos los demás?

¿En la que no dijo nada y dejaron de existir tú y los demás y ya sólo quedó ella?

¿En las cartas fechadas con prisa donde la palabra “amor” se escribía con lápiz?

¿En la memoria?

¿En el cine?

¿En el tráfico?

¿En la palabra que nunca dices?

¿En la palabra que nunca debiste haber dicho?

¿En tu cuaderno?

¿En un clavado perfecto desde la ventana del cuarto piso de tu edificio?

¿Dónde? ¿Dónde comenzarías tú a buscarla?

miércoles, abril 16, 2008

Sólo un par


Para Mary y el que viene...

¿Cuántos pares de alas va a llevar señora?


Dédalo tuvo el increíble mal gusto de enseñarle a Teseo cómo podía salir de un laberinto cuidado por un minotauro que tenía fama de ser bastante truculento. Pero Teseo llevó a grados absurdos el mal gusto cuando se le ocurrió que era una idea maravillosa matar al minotauro en cuestión…

Como era de esperarse, Minos, que era quien se dedicaba a regentear el laberinto, se molestó un poco cuando se dio cuenta que habían matado a su mascota; así que encerró a Dédalo y a su hijo Ícaro en el laberinto. Dédalo se dedicó a buscar la salida pero nunca la encontró, entonces se le ocurrió fabricar, para él y para su hijo, unas alas de cera para poder salir volando del laberinto.

Dédalo le advirtió a su hijo que no volara muy alto ni muy bajo, que se mantuviera por ahí de la mitad, pero cuando Ícaro comenzó a volar se dio cuenta que era libre, empezó a subir y subió tan alto que el sol derritió las alas de cera. Ícaro cayó al mar y nunca lo encontraron. Este mar, desde entonces lleva su nombre: mar de Icaria.

Como ya te imaginarás, la moraleja del asunto es que si vuelas muy alto, corres al riesgo de que tus alas no aguanten y vayas a dar al mar, y aunque luego ese mar se llame como tú, pues ya pa’ qué te sirve…

Pero no te preocupes, la ciencia ha avanzado mucho desde que los griegos construían alas de cera, hay muchos materiales que son más aguantadores que la cera (también a quién se le ocurre!!), están los cohetes de la NASA, los aviones gringos, los ovnis de Mausán, pero sobre todo la imaginación y las ganas de volar tan alto como te venga en gana (eso sin contar con el buen peyote).

Así que pensando en esto y después de largas, y desesperantes platicas nocturnas con Buélco… Decidimos regalarle a tu hijo estas pequeñas alas de papel para que vuele a donde quiera sin tener que preocuparse por los rayos UV.

No podemos garantizarte que las alas lo van a sacar del laberinto, ni que le van a quitar de encima al minotauro que nos persigue a todos. Pero creemos que si le lees esto despacio, en voz baja, en una voz que sólo él puede escuchar porque vive en el lugar donde puede oírte sin que tú tengas que mover los labios, entenderá que el día que llegue a este laberinto, estaremos aquí todos, dispuestos a crearle las mejores alas, las alas que decida, las que más le gusten…

martes, enero 29, 2008

Retrato hablado

Estoy tan solo que cualquiera
diría que estás conmigo.
Francisco Hernández


Pelo negro y derramado. Tez blanca. Ojos negros ardiendo al sol de las tres de la mañana. Labios delgados. Risa moribunda. Inexplicable afición por los elefantes y a tirar monedas al mar. Cejas gruesas. Lagrimales amplios, llenos de lágrimas que cuando corren ya no pueden parar. Diecinueve centímetros entre el cuello y el hombro derecho. Heridas de mis labios. Rodillas de piedra que saben hablar.

Indispensable en la cama y en los domingos nublados. Experta en botánica y el Ché. Lunas en los dedos le obligan a combatir la luz de la lámpara. Amiga de una tal Alejandra y de un perro que se llama “Jack”. Mala compañera en las bodas y en el cine (imposible ver una película sentado junto a ella). Costillas de cera, frágiles como abanicos. Adicta al cigarro y al café irlandés. Tabique ligeramente desviado a la derecha. Tose por las noches. Dice que le gusta escuchar “Aranjuez”.

Cualquier información será generosamente recompensada. No intente atraparla usted mismo; es peligrosa y está armada con algunas cosas imposibles de describir…

Muy triste esperando que no se haya perdido más de lo habitual, siéntome en el marco de la puerta a esperar a que vuelva. Terriblemente arrepentido por ciertos accidentes y malos entendidos. Nunca quise que al asunto terminara tan mal.

Muy solicitada en algunos círculos sociales. Depresión extrema cuando alguien pregunta y yo no sé qué decir…

Informes al tipo medio muerto que toma café todos los días, de seis a nueve, en el café de la Paz.

Urge pronta respuesta. Asunto delicado que requiere de absoluta seriedad. Peligra la vida de un pez dorado, la integridad de su portaretratos y la escasa mala reputación restante de quien escribe el presente anuncio.

Sin afán de hacerle perder más su valioso tiempo, le ruego ayuda pronta. Cualquier detalle puede ser crucial…

Al irse llevaba un listón rojo, lluvia en las comisuras de los ojos y un “ya nunca más” en el paladar.

jueves, enero 10, 2008

¿Y luego?

Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Pablo Neruda.

Me quedo buscándote en todos los lugares donde nunca estuviste,
en las calles que no caminamos jamás.

Me gusta esperarte porque sé que nunca vuelves,
que tienes miedo de mirar atrás y convertirte en sal.

Voy a todos los cafés donde nunca discutimos,
y cierro los bares en los que no levantaste la mano para pedir un trago más.

De alguna manera te encuentro cerca en los lugares más lejanos,
me siento más tranquilo buscándote donde no te puedo encontrar.

No fuiste tú la que llegó anoche (cansada y con frío) a meterte a mi cama,
y no fui yo quien te regaló el anillo que jamás piensas usar.

Si para no extrañarte hace falta no tenerte,
entonces me quedo quieto porque no tengo ganas de tentar al azar.

Nunca te prometí nada, ni tú fingiste creerme,
ni nos interesaron los sacrificios ominosos e inútiles.

Tú no llegaste al lugar donde no te cité con prisa,
y yo no pagué la cuenta de la comida que ni siquiera ordenaste.

No te quité la falda que jamás te he visto puesta,
y tampoco despertamos a los vecinos que no viven en el piso de abajo.

Y mientras, tú sigues creyendo que nunca nos pasó nada,
y yo no puedo dejar de pensar que ya hemos pasado por todo.

lunes, enero 07, 2008

Un día de estos

Lunes

A los lunes se llega siempre herido, lacerado de tanto domingo y muerto de miedo por tener que empezar todo de nuevo.

Al lunes se le cuadra como a un toro de lidia, hay que recibirlo de rodillas en mitad de la plaza porque si uno logra intimidar al lunes, es posible que se lo piense dos veces el resto de la semana…

Los lunes atrapan niños con frío en los camiones escolares y se divierten cazando burócratas en las líneas del metro.

Los lunes los proxenetas no salen a la calle y las pocas gallinas que ponen vomitan huevos inexplicablemente verdes.

Los lunes los bancos tragan de un bocado a sus deudores y las azafatas se olvidan del protocolo aéreo.

Los lunes el bien amanece de malas y el despertador asesina al lívido a las seis de la mañana.

Un lunes como éste nació San Kurt Cobain y mataron al Che Guevara; un lunes los argentinos perdieron las Malvinas y seguro que fue lunes el día que Ulises decidió volver a Itaca.

El lunes donde comienza la eternidad de Eliseo Diego, Mark David le pegó dos tiros escandalosos a Sir John Winston Lenon, y estoy casi seguro de que fue un lunes cuando dijiste que: “Ya basta!! Que había que darle tiempo al tiempo”.

Los lunes siempre hay que luchar contra la resaca y cuando es lunes y llueve inevitablemente se desborda el caño.

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente” ok, ok ¿pero por qué Adán tuvo que elegir un lunes para atascarse medio kilo de pie de manzana? Yo, por eso, los lunes no tomo ni siquiera mi jugo de naranja… No vaya a ser que a Dios se le ocurra otra brillante idea.